Lamentó que nadie le haya consultado sobre el regreso de la película a los cines, en una versión restaurada.

A la espera de que los grandes estudios se atrevan por fin a recuperar para las salas los grandes taquillazos que retiraron tras el estallido de la crisis sanitaria, la insólita y raquítica cartelera pandémica dejó situaciones tan curiosas como el hecho de que un clásico como El señor de los anillos: El retorno del rey ocupe actualmente la primera posición en la taquilla española. En esta coyuntura, varias productoras decidieron sacar a relucir a las grandes joyas de su catálogo, tratando de seducir a una nueva generación de espectadores o apelando a la nostalgia entre aquellos que ya las disfrutaron en su momento. Ese es el caso de Bajos instintos, el thriller erótico de 1992 protagonizado por Sharon Stone y Michael Douglas, que llegará a los cines este mismo año en una versión restaurada para conmemorar el 30 aniversario de su estreno. Un cumpleaños que no será celebrado por todos sus responsables.

“Nadie me preguntó como me sentía al respecto, eso lo puedo asegurar”. Resignada, pero sin disimular su enojo, Sharon Stone reveló en su visita al programa de televisión australiano A current affair que ningún miembro de la producción la había informado siquiera del reestreno de la película que la convirtió en una estrella. Supervisado por el realizador de la original, Paul Verhoeven, y en calidad 4K, el nuevo montaje fue calificado por la propia intérprete como “XXX”, por el añadido de escenas subidas de tono que no formaron parte del metraje original.

“Nadie me preguntó como me sentía al respecto, eso lo puedo asegurar”. Resignada, pero sin disimular su enojo, Sharon Stone reveló en su visita al programa de televisión australiano A current affair que ningún miembro de la producción la había informado siquiera del reestreno de la película que la convirtió en una estrella. Supervisado por el realizador de la original, Paul Verhoeven, y en calidad 4K, el nuevo montaje fue calificado por la propia intérprete como “XXX”, por el añadido de escenas subidas de tono que no formaron parte del metraje original.

En su biografía, Stone cuenta cómo se levantó de la butaca, caminó hasta la cabina de proyección, le dio una cachetada al director y se dirigió hasta su coche para ponerlo en conocimiento de su abogado. A pesar de tener, esta vez sí, la posibilidad de paralizar el estreno con una orden judicial que hubiera calificado la película como X, aniquilando cualquier opción de hacerse un hueco en las salas comerciales –”1992 no era como ahora, que vemos penes erectos en Netflix”, apunta con precisión–, Stone decidió seguir adelante y permitir la escena. “¿Por qué? Porque era correcta para la película y para el personaje; y porque, después de todo, la había hecho”, apunta, no sin volver a reseñar la falta de empatía del cineasta con ella, que negó que tuviera ningún poder sobre el material.

Verhoeven, sin embargo, guarda una versión muy diferente de los hechos narrados por la actriz, y asegura que contaba con su beneplácito explícito. “Cuando rodamos la escena hice que todo el mundo saliera del set, incluido Michael Douglas. Solo estábamos ella, yo, y Jan de Bont, mi director de fotografía. Sabía muy bien lo que estábamos haciendo. Luego dijo que no sabía que estábamos filmando sus genitales, pero es falso. Y, además, justo antes de rodar la escena me regaló su bombacha, aunque eso siempre se olvida de decirlo”, reveló en una entrevista al Journal de Montreal.

El thriller erótico se convirtió en todo un fenómeno en los cines, que acudieron en masa a verlo hasta hacer de él la cuarta película más taquillera del año, solo por detrás de producciones familiares como Aladdin o Mi pobre angelito 2. Recaudó más de 300 millones de dólares en todo el mundo y Sharon Stone pasó a ser aclamada como todo un “símbolo erótico”.

Su papel de Catherine Tramell catapultó una trayectoria sumida hasta entonces en la mediocridad –”me había pasado años haciendo películas de mierda”, ratifica ella misma–, y estrenó posteriormente otros éxitos como Rápida y mortal o Casino, pero casi treinta años después Stone no dejó de reiterar su arrepentimiento por haber accedido a rodar las escenas más explícitas del film.