Un álbum fundamental dentro de la carrera solista del recordado artista. Marcó su regreso a su fibra más rockera. Hablamos con distintas personalidad que colaboraron con el músico.

Ahí vamos es un álbum que marcó la carrera de Gustavo Cerati como solista. El exintegrante de Soda Stereo, aquella fantástica experiencia junto a Zeta Bosio y Charly Alberti, volvió al sonido crudo de las guitarras, que sumando a su particular voz, marcó a cada uno de sus fans a través de estas 13 canciones.

“Crimen”, “La excepción”, “Adiós”, “Lago en el cielo” y “Me quedo aquí” fueron algunos de los cortes, todos con muy buena aceptación por parte de la prensa especializada y, en especial, de sus fans. Richard Coleman, Flavio Etcheto, Leandro Fresco, Fernando Nalé, Emmanuel Cauvet, Pedro Moscuzza, Bolsa González, Fernando Samalea y Tweety González fueron sus aliados en este trabajo, el cuarto de su carrea solista, sucesor de Siempre es hoy.

Para Macelo Fernández Bitar, periodista especializado y autor de la biografía de Soda Stereo, Ahí Vamos recuperó al Cerati mas guitarrero, el de la época de Canción animal o el de los shows. “Cuando arrancó como solista quiso diferenciarse y en los primeros discos estuvo investigando un poco para no repetir fórmulas. Los recitales tenía máquinas más una banda a pura sangre. En este disco -me contó en las entrevistas que le hice- fue surgiendo este sonido a pedido de las canciones. No le gustaba que la gente le dijera que había vuelto al rock. Sentía que nunca se había alejado”.

¿Cómo fue su creación?

“Fue un disco inusualmente largo para la media. En promedio, un disco se graba en dos o tres meses y en Ahí vamos fue de casi 10 meses. Solo tuvimos un parate, casi en el final, para trabajar junto a Gustavo en el álbum de Shakira”, recordó Tweety González, quien se encargó de la producción.

“Lo arrancamos en 2005. Armamos una banda y nos juntamos todos a tocar en el control del estudio Unísono. De esta forma, Gustavo podía sacar las ideas que tenía dando vueltas. Conectamos los instrumentos de una forma muy simple, con mucho contacto visual”, agregó sobre el nacimiento de los temas. “Fueron muchas horas de trabajo, en promedio 12 horas por día, de lunes a sábado”, agregó.

El músico y productor sostuvo que el trabajo se volvió más rockero cuando arrancaron a grabar las guitarras. “Había un guiño a Soda Stereo. Los temas estaban conectados con ese sonido. En los anteriores discos había trabajado la composición desde los teclados, samplers y sintetizadores”.

Leandro Fresco, quien lo acompañó en aquellos días en los teclados, recordó hace unos años sus sensaciones a La Viola: “Me sentía muy contento por volver a trabajar en un nuevo disco de Gustavo. Estábamos cómodos, compartíamos una amistad y en ese ambiente se creó el disco. Él tenía la idea de volver al sonido de las guitarras y las canciones épicas”.

“Nos metimos en el material que tenía sin terminar, aportamos ideas y los temas se ensamblaron luego en la computadora. Fue un álbum que se fue armando progresivamente, donde la mayoría de los temas surgieron a partir de la edición de zapadas que se grababan todo el tiempo. Volvíamos al control, escuchábamos, cuando identificábamos porciones de música que le gustaban, volvíamos a la sala y las tocábamos una otra vez para que el trabajo en la computadora sea más organizado”, destacó el músico.

Y agregó: “Las ideas de mis teclados fueron grabadas junto al resto de la banda durante las sesiones, después vino una instancia, casi al final, donde teniendo la ventaja de escuchar el track casi terminado, podía agregar detalles sonoros a cada canción”.

Tweety González conocía muy bien su forma de trabajo por sus años como tecladista invitado del recordado trío. Codo a codo en la consola, buscó de plasmar las ideas que Cerati tenía dando vueltas en su cabeza. “Me dio libertad para usar cuatro bateristas, algo inusual”.

Emmanuel Cauvet, Pedro Moscuzza, Bolsa González, Fernando Samalea se encargaron de los parches. Cada uno, con su pegada, le dio una sonoridad perfecta a las ideas del artista. Para los músicos, la grabación de un nuevo material implica una dedicación full time, el estrés de las tomas de decisiones o probar y cambiar sobre la marcha. Gustavo Cerati lo vivió de una forma muy tranquila, disfrutando de cada una de sus decisiones.

“Estaba muy enfocado en el disco, Lo único que lo distraía era una cuestión familiar, como ir a buscar a los hijos al colegio y traerlos un rato al estudio a tomar la leche. Todo lo demás lo tenía bajo control”, rememoró González.

“Iba mucho al estudio en aquel tiempo. Me acuerdo que Tweety me hacía una recorrida y me enseñó muchas cosas del trabajo en el estudio. Ese acercamiento fue importante para mis primeros pasos en la música. Mi viejo me avisaba cuando grababa y me invitaba. También estuve en varios de los ensayos y la pasé genial en los shows que fuimos de la gira con la familia. No parábamos de gritar”, recordó Benito Cerati a La Viola.

Richard Coleman aportó algunas letras para Ahí Vamos. “Estuve en todo el proceso creativo y acompañé con la guitarra las primeras pruebas que se hicieron para conocer el sonido que quería Gustavo. Tirábamos ideas en la sala. El concepto del disco era rockero, con muchas violas. En ese momento, tanto él como yo nos estábamos separando de nuestras parejas y le dije: ‘Sabemos de qué tenemos que hablar’. Sonrió y me dijo que teníamos que ir por ese lado. No fue un disco de separación, pero tenía el cliché de la canción de pop-rock que habla de los nuevos amores y todo eso, un poco de bronca, pena, plagado de esas imágenes que tanto conocíamos . Teníamos una visión del uso de la lírica bastante parecida. Las palabras tenían que ser funcionales a la música. No las podíamos separar”, recordó a La Viola.

El cantante y guitarrista, que estuvo en los primeros días de Soda y que formó junto a Gustavo la experiencia Fricción, reconoció que fue un momento importante para su carrera. “Nos encontramos en el lugar de la amistad que nos acompañó siempre en nuestra relación musical”.

“Crimen”, el hit que casi queda afuera

Un disco netamente rockero que tuvo como primer corte una canción más tranquila y sin tanta presencia de guitarras. El cantante la compuso un poco jugando con una máquina, sacando fragmentos de temas de otros artistas, y que pensó en un momento dársela a Shakira. El papel de Tweety González fue fundamental para que no quedara descartada del álbum.

“Coronaba un gran disco. Una gran balada que empieza con un piano y que termina con una viola. Parece un tema de Queen. Es más, le pedí que la guitarra la tocara al estilo de Brian May. Era un temazo y no quería que se perdiera. Lo había escuchado sin la letra terminada y me parecía increíble”, recordó el productor.

El tema estuvo acompañado de su clip oficial, dirigido por Joaquín Cambre. “Me inspiró mucho cuando la escuché por primera vez. Me mandó el audio por mail y rápidamente me apareció la idea. Se la pasé y le encantó. Cuando nos encontramos en el estudio me transmitió mucha confianza. Agradezco que se arriesgó y se la jugó por mí”.

Según contó el director a La Viola, Cerati lo había descubierto en un concurso de cortos y pensó en él cuando salió la posibilidad del rodaje del clip. “Lo filmamos en distintos lugares. El desafío fue de ambientar este policial negro en los años ’40 y ’50. La parte de la oficina la armamos en la vieja fábrica Siam, en Valentín Alsina, y los exteriores en Barracas”.

El rodaje fue bastante atípico y con muy buena predisposición del artista, aportando ideas al equipo tanto en cuestiones de escenografías y vestuario. Se complicó cuando el músico sufrió una trombosis y postergó los tiempos del rodaje. “Me llamó a un costado y me dijo que se tiene que ir. Le dije que no podía. ‘Está viniendo una ambulancia, me estoy muriendo del dolor’, me dijo. Le respondí: ‘Ok, andá pero regalame antes una toma, un primer plano fumando un cigarrillo’. Fueron ocho tomas y fue el último que fumó por un tiempo. Después volvió”.

Gustavo Cerati se puso en la piel de un detective, trajeado, con un look sin rulos gracias a la gomina, y con sombrero. Julieta Diaz y Mónica Antonópulos fueron también las protagonistas. “No hubo casting. A Julieta le encantaba su música y cuando le propuse aceptó sin problemas. Había un poco de plata y dijo que no, ya que era importante trabajar junto a Cerati. Mónica era una modelo publicitaria y su participación en el video fue importante para su futuro profesional”.

Joaquín también fue el director de “Adiós”, otro de los tracks de Ahí vamos, pero la historia fue distinta. “No tuvo tanta repercusión. Es como los libros de pop-up que despliegan y salen las imágenes en tres dimensiones. Él estaba con poco tiempo por la gira y no se involucró tanto. Hice mucho por mi cuenta y luego sumé su parte.

Una silla de mimbre, una alfombra, parlantes y una planta

Oscar Ferández, conocido como Roho, es un famoso peluquero de los rockstars, que tuvo una estrecha amistad con el artista. También fue testigo de la gestación de Ahí vamos. “Me invitó varias veces al estudio, pero la verdad que me aburría. Él estaba con sus ingenieros probando sonidos por un largo tiempo. Era un animal de trabajo”, recordó a La Viola.

“Él sabía que estaba haciendo algo importante. Una obra de arte inmensa que terminó dejando perplejo al público”, agregó sobre el concepto del disco.

Una silla de mimbre, una alfombra, parlantes y una planta

Oscar Ferández, conocido como Roho, es un famoso peluquero de los rockstars, que tuvo una estrecha amistad con el artista. También fue testigo de la gestación de Ahí vamos. “Me invitó varias veces al estudio, pero la verdad que me aburría. Él estaba con sus ingenieros probando sonidos por un largo tiempo. Era un animal de trabajo”, recordó a La Viola.

“Él sabía que estaba haciendo algo importante. Una obra de arte inmensa que terminó dejando perplejo al público”, agregó sobre el concepto del disco.